Negocios Turbios

Quien es este personaje obscuro
Jack Warner, presidente de la Confederación de Futbol de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf, por sus siglas en inglés), de la federación de futbol de Trinidad y Tobago (T&TFF), y vicepresidente de la FIFA.
Warner no sólo se benefició con la venta de miles de boletos para un partido clasificatorio para el Mundial de 1990 entre Trinidad y Tobago, su país, y Estados Unidos, sino también indica que ganó millones de dólares a través de empresas subcontratistas de la FIFA, algunas de ellas manejadas por miembros de su familia.
En Trinidad y Tobago, Werner es dueño de cadenas de tiendas comerciales, hoteles, oficinas y garajes; también cuenta con “algunos negocios” en Estados Unidos.
“Con el salario que me paga la FIFA, me he hecho de una gran fortuna”, admitió el funcionario ante un periodista de su país. Se estima que posee entre 17 y 35 millones de dólares.En el libro antes mencionado "!FOUL", Jennings apunta que Jack Werner y Charles Gordon Blazer “Chuck” vicepresidente tanto de la de la federación estadunidense de futbol como de la Concacaf, intentaron lanzar un proyecto conjunto que les dejaría millones de dólares en ganancias,
se trataba de una suerte de lotería de la FIFA avalada por el mismo Blatter y sus funcionarios, pero que finalmente no logró concretarse.
De todas maneras, Warner no frenó allí su interés por seguir acumulando dinero y con la ayuda de la federación construyó su “palacio” en la ciudad de Macoya, en Trinidad y Tobago, el llamado “Centro Dr Joao Havelange para la Excelencia en Trinidad”. El propósito de dicho centro era elevar los estándares del futbol por medio de la Concacaf.
Sin embargo, si el proyecto hubiera tenido realmente ese fin, habría sido construido en algún lugar más central de la región, tal vez en Cuba o Jamaica.Warner obtuvo 16 millones de dólares de la FIFA para la construcción del estadio que formaba parte del centro Havelange y de otras instalaciones deportivas. Al final de cuentas se obtuvieron muy pocas utilidades.
Cualquier cantidad de dinero que pidiera Warner a la federación, nunca era suficiente. Siempre quería más. Ellos le pagaron por ese centro y también por su uso, pero no paraba de pedirles más dinero.
En octubre de 2001, Jack Warner solicitó al organismo 77 mil dólares para realizar “un seminario de referís” de cuatro días en la ciudad de Macota, en Trinidad y Tobago y en Ciudad de México.
Del total de esta cifra, la FIFA debería pagar a Warner unos 28 mil dólares “en gastos extras” y 3 mil dólares para alquilar el centro de Macoya, que había sido financiado justamente por esta federación.
Blatter quiso complacer a su amigo, y le envió un cheque por 105 mil 500 dólares. “Lo felicitamos por llevar a cabo estas iniciativas y cursos muy útiles”, rezaba una carta que acompañaba el dinero.En 2001, el centro Havelange de Trinidad y Tobago fue utilizado 36 días al año; 12 meses después, únicamente 35 días. Para cuando finalizó 2003, el centro sólo había sido utilizado tres semanas.
Cuando se le preguntò en una entrevista ¿Por qué su familia se quedaba con los contratos más jugosos de la FIFA? y ¿Cuánto dinero pensaba ganar por la venta de entradas para este Mundial en Alemania?
Warner, muy enojado, respondió que “ningún extranjero, particularmente uno blanco, lo iba a pasar por arriba”.(el periodista era inglès). Algo que llama verdaderamente la atenciòn cuando la FIFA pelea constantemente contra el racismo.
Recordemos que la selecciòn Triniteña participò de este mundial no teniendo un muy felìz paso por la copa, lo que demuestra que el famoso centro construido ni siquiera lo usaron ellos para entrenar.


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